Saturday, January 15, 2005

¿Policía sepulturera?

Si unos pocos hacen el ruido y la ostentación irrespetuosa al enterrar a los líderes de sus pandillas, como lo han hecho para escandalizar a toda la sociedad, pues que la autoridad se empantalone y ejerza con responsabilidad y firmeza su rol, llamando al orden, por las buenas, a los que organizan estos funerales

La determinación de la Policía de enterrar cadáveres de reconocidos delincuentes no es el remedio a la aberración de los llamados “entierros populares”, en el marco de los cuales una turba despide al antisocial con tiros, música en alto volumen y consumo de bebidas y drogas.

El papel de la Policía no es el del sepulturero,sino el de verdadero garante de la paz pública y del orden. Y en esto tiene experiencia, bastante experiencia; lo único que falta es que sepa utilizarla, en apego a su mandato, como lo dispone la ley.

Nadie puede garantizar que un reconocido delincuente caerá en un enfrentamiento con sus tropas.Puede darse el caso de que muera en un lance de pandillas, en una emboscada barrial o en otras circunstancias en que ni siquiera están presentes los agentes de ese cuerpo.

¿Qué haría, entonces? ¿Buscar el cadáver en el barrio, llevarlo a Patología Forense, declararlo de “interés público” y luego enterrarlo? Limitarse a este papel es equivalente a tomar el rábano por las hojas, porque el estilo y el comportamiento que asumen los deudos o amigos y compinches del criminal abatido, al enterrarlo, obedece a realidades del submundo en que ellos viven.

Es un ambiente penoso, lastimoso, el que les ha tocado vivir, y en el que muchos se han deformado, se han degenerado y han elegido una rutina de vida marcada por los actos delictivos, por el instinto dañoso de robar, matar y endrogarse.

Han nacido y crecido en una sociedad que, en verdad, les niega a muchos el reconocimiento de sus derechos, el acceso a servicios indispensables, al trabajo, al techo, a una buena alimentación y atenciones de salud.

Naturalmente, tales limitaciones, tal ambiente de pobreza no justifica que se rebelen de la forma en que muchos lo han hecho, apelando a una especie de “derecho destructivo”, fomentado por las malas intenciones.

Hay muchos pobres en esos barrios que se esfuerzan por trabajar y progresar. Y lo han logrado. ¿Cuántos excelentes ciudadanos y meritorios profesionales no han salido de esos ghettos? No es cuestión de pobreza, sino de educación y formación.

Si unos pocos hacen el ruido y la ostentación irrespetuosa al enterrar a los líderes de sus pandillas, como lo han hecho para escandalizar a toda la sociedad, pues que la autoridad se empantalone y ejerza con responsabilidad y firmeza su rol, llamando al orden, por las buenas, a los que organizan estos funerales.

En definitiva, es con delincuentes que estamos bregando. Y frente a sus desmanes, la sociedad tiene esta alternativa: o los neutraliza o los deja que se entronicen como los reyes de este país.

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