Tuesday, March 15, 2005

Uribe, una mano firme para Colombia

Álvaro Uribe ha impresionado sobremanera a los directores y propietarios de periódicos que concurrieron a la asamblea semianual de la Sociedad Interamericana de Prensa, con un mensaje clarísimo a los insurgentes y los drogadictos: por las buenas, habrá negociaciones de paz, de desarme y de justicia real: por las malas, fuego, fuego y más fuego, hasta eliminarlos.


Álvaro Uribe gobierna a Colombia como si lo estuviese haciendo con la ruleta rusa. Su vida ha estado en peligro en varios atentados a tiros y bombas, pero es un hombre que no ceja en su voluntad de guiar a su país—-lo que ya está logrando, francamente—-hacia un escenario de paz y de concordia, sin luchas guerrilleras ni el acoso de bandas paramilitares y sin la corrosiva influencia de los narcotraficantes.

Para hacerlo, no basta con tener coraje personal, porque de eso ha dado demostraciones de sobra, sino la inteligencia, la audacia, también la paciencia, para lidiar con tres problemas a la vez: la sofocación de las guerrillas de las FARC, la de los “paramilitares” y la eliminación del narcotráfico y, como gran utopía, la implantación de una verdadera democracia en Colombia.

Él ha logrado, a base de firmeza y convicción democrática, que su país recobre la confianza en muchos sentidos. En la economía, en la justicia, en su capacidad de integración con otras naciones, en la misma seguridad ciudadana y en la actitud del Gobierno para enfrentar por la fuerza los tres problemas capitales indicados.

La desmovilización, o sea, el abandono de guerrilleros de su vida sediciosa para integrarse a la sociedad y a sus espacios de debate, ha ido aumentando cuantitativamente. El dominio territorial de las guerrillas no es tan vasto como antes, y las acciones armadas de estos grupos han podido ser disminuidas y debilitadas, en un proceso de avances y retrocesos para alcanzar una paz general que todavía, sin embargo, no llega.

Álvaro Uribe ha impresionado sobremanera a los directores y propietarios de periódicos que concurrieron a la asamblea semianual de la Sociedad Interamericana de Prensa, con un mensaje clarísimo a los insurgentes y los drogadictos: por las buenas, habrá negociaciones de paz, de desarme y de justicia real: por las malas, fuego, fuego y más fuego, hasta eliminarlos.

Gracias a esta valiente actitud, los colombianos facilitan ahora las cosas para que constitucionalmente pueda reelegirse. Eso indica que hay confianza en su mandato y especialmente en el hombre, un presidente que actúa sin dobleces frente a tantos enemigos peligrosos, radicales, a menudo invisibles, como son los narcos, pero con la voluntad de implantar la democracia.

No es un hombre pusilánime ni mediocre que anda buscando la plataforma para convertirse en un tirano. Es un demócrata que se resiste a usar la estrategia oportunista de aliarse a un enemigo para destruir al otro, en un triángulo de fuerzas—-narcos, guerrillas y paramilitares—-como tal vez ningún otro mandatario de este continente.

Esa es la ruleta rusa colombiana. Del tambor de tan aterradora combinación de peligros puede salir el tiro que termine con el proceso. Uribe apuesta a manipular esa arma letal y lo hace como si tuviera una zanahoria en la izquierda y un garrote en la mano derecha.

Colombia ha sufrido mucho a consecuencia de esas fuerzas diabólicas que han entorpecido su búsqueda hacia la paz y la democracia.

Pero luce que ahora, con las riendas bien tomadas por Uribe, su destino cambiará. Y eso sería lo ideal, para que otros mandatarios, viéndose en el espejo de este hombre, tan desafiado pero tan valiente y pertinaz, imiten su estilo, su determinación y se abracen a la suprema aspiración de sus pueblos de vivir en paz y en libertad, y, como es lógico, en democracia, su piedra angular.

http://www.diarioadiario.com.do

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