Thursday, May 26, 2005

Al Presidente Pacheco se le fue “la pajarita”

Aquí no rige ese tipo de normas, y lo cierto es que deberíamos establecerlas. No sólo para el Presidente de la República, sino para el resto de los funcionarios y de los mismos legisladores


“A veces se nos va la pajarita”, dijo un arrepentido Presidente Abel Pacheco al pueblo costarricense, tratando de explicar que fue un error aceptar una membresía en Cap Cana y otras atenciones de los propietarios de ese complejo turístico. Con el telón de fondo de los escándalos de soborno a tres ex-presidentes, que representaron para Costa Rica una humillación nacional, era previsible que a Pacheco le cayeran los palitos por su desliz.Resuelto, ahora, a devolver el obsequio, la polvareda ha servido para recordarle al Presidente que tiene que sujetarse a las normas que le impiden aceptar regalos, boletos de viaje, viáticos y otros beneficios.Son normas que forman parte de un conjunto de salvaguardas éticas, con las cuales se busca evitar —como acontece en el caso de los presidentes norteamericanos— que éstos sean tentados por sobornos u otras “atenciones” mientras ejercen su mandato.Aquí no rige ese tipo de normas, y lo cierto es que deberíamos establecerlas. No sólo para el Presidente de la República, sino para el resto de los funcionarios y de los mismos legisladores.En Ecuador, por ejemplo, está prohibido a los miembros del Congreso usar en su provecho fondos que provengan del presupuesto nacional.A los que violan esa disposición se les expulsa del Congreso.En ausencia de normas semejantes, los presidentes dominicanos no tienen impedimento para aceptar una diversidad de “atenciones” que en ánimo de halagarlos les brindan amigos, allegados o desconocidos.Un escandaloso caso, ahora puesto de manifiesto en un tribunal, es el de un poderoso narcotraficante que le brindó un desayuno y le dio 2 millones de pesos— seguramente producto de una transacción mafiosa— nada más y nada menos que al Presidente de turno, muy dado, por lo visto, a aceptar obsequios de conocidos y extraños.Esta tentación a recibir regalos o “atenciones” puede resultar peligrosa. Muchos pueden ser regalos envenenados que, por serlo, tienen implicaciones serias en la institucionalidad de un país o en el rigor moral que debe caracterizar el ejercicio de la primera magistratura.Esas prácticas conducen al tráfico de influencia, a irritantes concesiones de privilegios y a lo que es peor, al condicionamiento de las decisiones de un mandatario.La prensa costarricense, que presionó valientemente al Presidente para que devolviera o anulara las concesiones recibidas, ha jugado su verdadero papel al denunciar lo dañoso que puede ser para la dignidad y la imagen presidencial que el señor Pacheco se “despistara”, o como él mismo dijo en un lenguaje muy popular, que “se nos va la pajarita”, al aceptar las dádivas.Ahora que ha soltado “la pajarita”, tal vez se libre de pasar por el mismo trance de sus predecesores, a los que les cupo cárcel por andar aceptando donaciones y prebendas locales y extranjeras sin medir sus consecuencias.

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