Sunday, June 26, 2005

Muchos lo quisieran, pero no se puede

SANTO DOMINGO.-Muchos  dominicanos, desilusionados con el quehacer de nuestros políticos y de nuestros partidos, no ocultan sus deseos de que alguna figura de la Iglesia , ante este vacío de liderazgo, cuelgue algún día los hábitos y asuma las responsabilidades de dirigir a esta nación.
Naturalmente que se trata de puras aspiraciones que no se formulan públicamente, pero que emergen en conversatorios –o en los llamados “mentideros políticos”, como se suele decir en los ambientes de tertulias– cada vez que la decepción por el trabajo de los políticos alcanza sus mayores grados en nuestra sociedad.
La Iglesia dominicana se ha ganado, como institución, un gran respeto y una confiabilidad  superior a la de cualquier otra en el país. Esto lo dicen las encuestas que, frecuentemente, se han realizado aquí para medir las preferencias de la población en diversos asuntos. Y esto tiene una explicación: ella es la que consistentemente, auténticamente, defiende el bien común y hace causa con la defensa de la dignidad del individuo, al amparo de la riqueza de orden moral que contiene su doctrina social.
Sus obispos y muchos de sus sacerdotes  no cesan de predicar ideas y soluciones que sintonizan perfectamente con las legítimas aspiraciones de los ciudadanos en distintos órdenes, como el moral, el económico, el político y el social, y en algunas circunstancias han actuado casi como portavoces autorizados de esas inquietudes, o como interlocutores entre grupos de la sociedad y las organizaciones del poder público, canalizando y resolviendo problemas temporales.
Este papel les ha conferido, sin dudas, una dimensión social y popular que muchos políticos ambicionarían tener. Tal vez por esa autoridad y seriedad con que han abordado los problemas de la sociedad es que vienen a representar, en el ideal de muchos dominicanos, el modelo adecuado para guiar y gobernar a nuestro pueblo.
No obstante, el Papa Benedicto XVI se ha ocupado de recordar este sábado a los obispos de Papusia, Nueva Guinea, que “la identidad del sacerdote no debe estar ligada jamás a un título seglar ni confundida con una función civil o política",
La Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual Gaudium et Spes (Esperanzas y temores), aprobada por el Concilio Vaticano Segundo, afirma que la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas y deben actuar, cada una, en sus propios terrenos, siempre al servicio de la vocación personal y social del hombre.
Bajo esta premisa, queda bastante claro que la iglesia, por razón de su misión y de su competencia “no se confunde en modo alguno con la comunidad política, ni está ligada a sistema político alguno”, lo que no le impide enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona. En este sentido, la Iglesia dominicana ha actuado con apego a esas líneas. Por eso es que muchos quisieran que, de su seno, salga el liderazgo idoneo que andamos buscando.

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