Tuesday, June 07, 2005

Samaná, actos contra el turismo

Playas serenas, de arenas blancas, de poca profundidad, coronadas por tupidos cocales, constituyen ricos activos de Samaná.
Toda su costa es impresionantemente hermosa, no así la ciudad, ni tampoco su entrada, pese a que la naturaleza la ha dotado de un puerto amplio y apropiado para construir una marina.
No obstante poseer esos bienes de la naturaleza, Samaná no tiene la suerte –por lo menos hasta ahora– de sacarles mayor rentabilidad a sus bellezas.
Pocos hoteles existen. Dos de ellos están en reparación y otro, el Casa Marina Bay, ubicado en una especie de paraíso terrenal en Las Galeras, recibe el mayor flujo de turistas que viene de Europa, pero la ausencia de un apropiado aeropuerto obliga a trasladar a los turistas desde Puerto Plata, en un trayecto que toma varias horas.
Sin una buena infraestructura aeroportuaria, no podemos pretender desarrollar el potencial turístico que tiene Samaná, pero este tampoco puede quedarse rezagado por culpa de la pereza o el desinterés de las propias autoridades gubernamentales.
No se explica, por lo pronto, qué es lo que se espera para que se aplique un riguroso plan de protección de las playas de ese litoral, a fin de evitar que las zonas circundantes sean dañadas o depredadas por las inconsecuencias de los hombres.
Da pena, mucha pena, que vehículos de todo tipo estén circulando por una larga franja playera dañando el ambiente mas próximo a las playas, y que cuando se toma una disposición oficial para obligarlos a circular por una carretera asfaltada, los afectados provoquen desórdenes en la zona.
Fue lo que ocurrió hace una semana. Para no cumplir con una disposición de la Secretaría de Turismo que prohíbe el paso de camiones, camionetas y otros vehículos, algunos de los cuales para depositar basura, un grupo organizó una huelga, quemaron gomas, bloquearon el único acceso por carretera, se enfrentaron a la Policía y hubo un herido. Resultado: la tensión obligó al hotel a sacar a los turistas alemanes, italianos y franceses en botes, y luego montarlos en autobuses para, desde allí, dirigirse al aeropuerto de Puerto Plata.
¿Qué impresión se habrán llevado los turistas de esta zona del pais?
Eso, justamente, es lo que debemos evitar. No hay otra fuente posible que pueda, a corto plazo, generar ingresos y empleos para esa comunidad que no sea el turismo. Y el turismo no es sólo acondicionar un espacio para que los extranjeros o los dominicanos disfruten. Es crear un ambiente de armonía, una disposición para el servicio, una infraestructura de atenciones, en la que deben involucrarse todos los que viven en la zona, si es que les interesa explotar una vía rápida para el desarrollo que vaya más allá de la agricultura que, por cierto, está ahora de capa caída.
El Gobierno, y sobre todo las autoridades locales, la sociedad samanense, no pueden permitir que se sigan dañando las áreas de playa con basuras o arrabales ni que se originen actos hostiles contra los turistas. Esto es matar una gallina con huevos de oro.

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