Saturday, July 09, 2005

Apaciguando los espíritus en ira

SANTO DOMINGO, R.D.- Julio 10- Es una gran iniciativa la que han tomado las iglesias evangélicas para llevar directamente a 300 mil hogares dominicanos una palabra que mueva a la paz y al desarme de tantos espíritus en ira.


Hace falta que este ejercicio se repita y toque lo más profundo de los corazones de los dominicanos, para ver si de esa manera vuelven a afianzarse en los hogares dominicanos los olvidados principios del amor, del respeto al prójimo y de la solidaridad entre familiares, amigos y vecinos.

Los hogares dominicanos, fragmentados muchos por la desintegración de los matrimonios o las riñas y desacuerdos internos, necesitan de estas sanas orientaciones que la Confederación Dominicana de la Unidad Evangélica se propone infundirles durante esta singular campaña.

Este es un esfuerzo que apoyamos. Le pedimos a la sociedad que abra las puertas de sus hogares para que este mensaje de paz, de unidad y de solidaridad, constituya un bálsamo, un aliciente y una vía para restablecer la coexistencia civilizada y amorosa en ellos.

Más allá de los hogares, los evangélicos se harán presentes en escuelas, oficinas públicas, centros comunitarios y las juntas de vecinos, llevando un mensaje que Cristo nos ha dejado como imperativo moral, humano y social a través de su doctrina.

Nos parece muy atinada la idea de crear “peñas comunitarias” para promover la difusión de principios y valores que ayuden a disminuir la violencia intrafamiliar —causa de muchas tragedias y muchas angustias— y a crear condiciones de decencia y honradez en la conducta de los ciudadanos.

La violencia delictiva y criminal no es la única que ha dañado el marco de la convivencia en el país. La verbal, que conjuga insultos, palabras soeces, imprecaciones, está gravitando negativamente no sólo entre miembros en conflicto de una familia o de un núcleo barrial, sino en los mismos medios de comunicación, donde se asume como fruto del libertinaje general en que hemos caído. Nadie parece ruborizarse ante el entronizamiento de la vulgaridad en el lenguaje habitual de muchos ciudadanos.

Por otro lado, está la violencia visual, la que matiza las imágenes más usuales de variados programas de televisión, películas, videojuegos y las noticias que se refieren a los escenarios de la guerra, que influyen poderosamente en la agresividad de los instintos humanos, que desembocan en más agresiones y tragedias.

Amarrar lenguas desaforadas, proclives al insulto impune, ha de ser una tarea difícil, pero no imposible, si el mensaje de conciliación, de prudencia, y si se quiere de ternura, se acepta y se asume en el contexto de esta campaña del CODUE y de otras iglesias, como la católica, las que se han unido en un esfuerzo apaciguador de esos espíritus en ira para minimizar estas y otras formas de agresión que dividen a los dominicanos, y que nos escandalizan como sociedad que aspira a desarrollarse por otros senderos.

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