Friday, July 22, 2005

¿E’ p’atrás que vamos?

SANTO DOMINGO, RD.-Después del revelador estudio de Gallup sobre el uso del tiempo en las escuelas dominicanas, no queda más remedio que proclamar que, en esta materia, es “p’atrás que vamos.”
El dato elocuente es que en las escuelas sólo se imparten la mitad de las horas de clases al día, por tanda.
La razón fundamental: los maestros no asisten porque tienen reuniones de su gremio, o porque están enfermos.
Los alumnos no asisten porque han enfermado, porque sus padres no los envían a las escuelas, por voluntad propia del estudiante o porque están trabajando.
Ante esas revelaciones, la secretaria de Educación ha dicho que “esos resultados no sorprenden a ninguno de los que estamos en este acto, porque todos y todas, de alguna manera somos conocedores de la problemática”.
Si es así, por qué, entonces, no ha sido radicalmente resuelta?
Demasiado dinero invierte el Estado en la educación pública como para que un aspecto tan esencial como es el cumplimiento elemental del horario no venga a convertirse, como luce que es ahora, en una de las mayores y agudas deficiencias del sistema.
Lo penoso es que el principal causante de la no docencia es el maestro, que desperdicia su tiempo en reuniones del gremio o entre sus colegas, descuidando su obligación primordial frente a la sociedad y al alumno.
¿Por qué esas reuniones no se hacen fuera del horario de las clases?
Si no se pueden hacer, entonces la sociedad debe reclamarle a la Secretaría de Educación que pague sólo por horas impartidas, y de esa manera el maestro que no desee ganar más de lo que percibe puede aprovechar su tiempo en las reuniones gremiales, mientras se buscan sustitutos dispuestos a enseñar.
El principio de la autoridad y de la continuidad en la escuela depende mucho de la actitud y del cumplimiento del maestro. Si el alumno no percibe interés en el educador, y se acostumbra a verlo faltar por motivos baladíes, entonces se desencanta y se frustra y él también deja de asistir.
Y así se forma una cadena de incumplimientos que, a la postre, perjudica a todos, pero principalmente a la sociedad, que ha confiado la formación de sus recursos humanos a una escuela infuncional, irresponsable, vaga.
No es un buen consuelo el decir que ese problema se conoce. Lo propio hubiese sido que se anunciase que ya fue resuelto.
Esto exige una rápida y firme decisión de las autoridades, para detener este retroceso, este imperdonable desperdicio de horas sin dar docencia en el que la mayor parte de la culpa recae, según los resultados de la encuesta, en los propios maestros, que tantos beneficios reclaman.

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