Friday, July 15, 2005

Lo que debemos decirle al Foreign

SANTO DOMINGO, R.D.- La República Dominicana tiene intactos, por el momento, los cuatro elementos constitutivos del Estado moderno: un pueblo con identidad propia, un territorio bien definido y no mutilado, un poder político que manda sobre la sociedad y, por último, una soberanía que puede ejercitar, a pesar de dos interrupciones históricas


La estructura jurídica del Estado dominicano, bajo la cual se organiza y opera la nación, funciona adecuadamente.

Los tres poderes esenciales tienen vida propia y libre albedrío.

No somos una nación en la cual hay dos o más Estados, ni somos un Estado etéreo, sin el sustento de algún grupo étnico o antropológico unido para un objetivo superior como nación.

El régimen político que tenemos permite la renovación de los poderes públicos mediante elecciones, no por la vía de imposición externa o por un reparto forzado del poder en situaciones en que la soberanía está mediatizada o que su control territorial es parcial.

El Congreso discute y aprueba leyes de alcance nacional. La Justicia opera con sus mecanismos propios y, en nuestro caso, avanza hacia un ejercicio más independiente y más pleno.

El resto de la sociedad tiene clara conciencia acerca de las fuentes legítimas de la autoridad que se impone sobre ella y la rige en todos sus aspectos. Las libertades están garantizadas, porque no vivimos bajo una dictadura, régimen en el cual no se respeta ni el derecho ni la vida de las personas y la ley solo tiene aplicación acomodaticia y conveniente a los intereses del dictador.

No somos paria internacional y estamos reconocidos ante los organismos como una nación organizada, que maneja su propia producción, sus finanzas, su comercio y que respeta las leyes y convenios supranacionales.

Como nación tenemos fallas, producto de un dinámico proceso de cambios y de adaptaciones a los nuevos modelos de relaciones comerciales y políticas en el mundo globalizado. El Gobierno también falla a menudo en satisfacer las necesidades que la Constitución pone bajo su responsabilidad atender y resolver.

Por suerte, no tenemos crisis institucional en ninguno de los poderes clásicos, ni una yuxtaposición o refriega entre estos. Y contamos con fuerzas de defensa para proteger, en lo que se pueda, el territorio nacional de las amenazas graves. No tenemos, en definitiva, un Estado fallido, sino políticos que fallan.

Estas son las verdades que debemos listarles al Foreign Policy o a cualquier otra entidad que se dedique a hablar disparates sobre este país, de nuestros amores y de nuestros dolores.

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