Monday, November 21, 2005

La vida no vale un chele en este país

SANTO DOMINGO, REPUBLICA DOMINICANA.- Esa impunidad e irrespeto han roto los bordes o límites de lo sensatamente prohibido y de ahí que, al perder valor los elementos que garantizan la seguridad pública, esta sociedad marche como sin frenos, sin rumbos y sin gobierno.


La delincuencia callejera no cede y cada día nos trae una secuela de hechos horrendos que sólo ponen en evidencia lo devaluada que está la vida en nuestro país.

Darle uno o dos tiros a cualquier persona por la razón más tonta o injusta se ha convertido en un hecho natural para los asaltantes y ladronzuelos, que no temen a las retaliaciones de la autoridad ni mucho menos a las penalidades de la justicia.

El otro día fue apuñalada una mujer y a pesar de la rudeza del ataque, el culpable fue dejado libre por la jueza que atendió el caso en los tribunales.

La gente tiene la percepción de que la criminalidad y el raterismo han aumentado porque los culpables se saben pre-garantizados por las disposiciones del Nuevo Código Procesal Penal.

A cualquier malandrín lo mandan para su casa por “ausencia” o “insuficiencia” de pruebas, y la víctima queda totalmente desprotegida.Eso es lo que está pasando en este país, y a esa laxitud judicial se debe, segurísimo, la facilidad e intencionalidad con que actúan los delincuentes, a la luz del día y con sangre fría, pero más que nada con la íntima convicción de que nada les pasará.

El ambiente, además, está caracterizado por una falta de autoridad en muchos sentidos.

No nos cansamos de repetir que la tolerancia a las más leves infracciones, como son las del tránsito, concretamente la violación de los semáforos y las direcciones de las vías, ha ido creando una atmósfera de impunidad y de irrespeto a las leyes.

Esa impunidad e irrespeto han roto los bordes o límites de lo sensatamente prohibido y de ahí que, al perder valor los elementos que garantizan la seguridad pública, esta sociedad marche como sin frenos, sin rumbos y sin gobierno.

Ha habido un esfuerzo encomiable para reducir la criminalidad y la delincuencia en los barrios con el llamado Proyecto de Seguridad Democrática.

Pero de nada valdrá que se sepan las causas y se conciban los remedios si la Policía no tiene recursos suficientes para responder a las amenazas y desafíos de los bandoleros.

Hay que admitir que el país atraviesa por una situación socioeconómica delicada, que hay demasiado pobreza golpeando el infeliz destino de millares de dominicanos y que ya muchos no tienen esperanzas de nada y en nada.

Los gobiernos no tienen todos los recursos a la mano para resolver este problema, pero tampoco saben usar lo disponible en estas prioridades.

Hay gastos en muchas otras cosas y no en lo que tiene que ver con la estabilidad social y la paz de una nación. Esta es otra de las razones que explican la creciente e imparable vorágine de sangre y violencia en que nos encontramos.

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